EL
SIMBOLISMO AL PROGRESO DE LA HUMANIDAD
No
pretendo hacer un trabajo “simbólico”, sino tratar el simbolismo como medio de
conocimiento, su diferencia respecto a las otras vías de acercamiento a la
realidad y su especificidad en las Logias. A tal propósito, cabe distinguir
entre los siguientes conceptos: mitos, logos, dogma, ortodoxia y heterodoxia,
niveles de conocimiento racional (físico-químico, matemático y metafísico) y
finalmente del conocimiento o intuición simbólico propiamente dicho.
El mito
es el conocimiento propio de las sociedades primitivas. Todos los pueblos
primitivos crean mitos para explicar los misterios de la Naturaleza. Todas las
mitologías, pese a sus muchas y grandes diferencias ocupan un lugar intermedio
entre la religión y el folklore. La religión es formal, ortodoxa, ritualista,
mientras que la mitología incorpora relatos de seres sobrenaturales, más bien
que formas de su culto.
El
folklore sugiere tradiciones y creencias populares que junto al totemismo dan
identidad y cohesión a un grupo humano. Como el hombre primitivo no puede
distinguir entre seres animados e inanimados o entre el mundo humano y el
animal, dota a ríos y montañas, a cocodrilos y a serpientes de poderes
místicos.
Gradualmente
transfiere su culto del objeto mismo a un poder vital relacionado con él, y
finalmente, a una personalidad revestida de ese poder. Zeus es primero el
cielo, después una fuerza existente en el cielo, por fin un dios armado con el
poder del cielo.
En la
escuela alejandrina, se concebía al logos como un principio unificador y
mediador entre el hombre y la esencia divina. Dios dirige y gobierna el
universo por medio del logos. Si el universo está sustentado en el logos, y el
hombre posee este logos, el hombre puede conocer el universo. La posibilidad misma
del conocimiento descansa en esta premisa. Solo lo semejante comprende lo
semejante. Los niveles de conocimiento se diferencian entre sí según aquello
que se considera y aquello de lo que se hace abstracción.
En las
ciencias positivas, se prescinde de la particularidad y se considera la
relación causal entre los fenómenos.
En las
ciencias matemáticas se prescinde de la materialidad y se consideran las
relaciones numéricas.
En la
metafísica o filosofía se prescinde de todo lo anterior y se considera lo
existente por el mero hecho de existir, el ente en cuanto existente.
Mención
aparte merecen tres conceptos interrelacionados: el de Dogma, el de Ortodoxia y
el de Heterodoxia. Como base a los mismos, hay que significar que si la razón,
el logos, es fuente de conocimiento, cuando el producto de este conocimiento se
sustrae a la propia razón pretendiendo imponerla sobre ella, aparece el dogma,
el dogmatismo, aquello que no puede ser discutido ni analizado racionalmente.
Se define así la línea divisoria que separa lo establecido oficialmente, “la
verdad oficial”.
Quien lo
acepta está en la ortodoxia o conformidad con el dogma, y quien no, en la
heterodoxia, en la disconformidad. No entraremos aquí en el proceso harto
conocido por el que una estructura de poder pretende monopolizar el pensamiento
racional acotando su alcance o poniendo fuera de toda discusión racional,
principios o dogmas incuestionables. Baste con apuntar que toda estructura de
poder tiende a hacerse absoluta por su propia naturaleza, si no tiene frente a
sí uno o varios contrapoderes que lo limiten, y que la forma de dominio de las
personas conlleva el dominio de su propia mente, de su propia capacidad de
crítica. De ahí la utilidad de lo “sagrado”, aquello que no puede ser discutido
ni atacado.
Frente a
la racionalidad del “logos”, el símbolo aparece como una puerta entreabierta al
misterio. Frente al intento de establecer cualquier ortodoxia, el símbolo se
resiste a cualquier dogmatización. Quiero decir con esto algo tan sencillo como
que el símbolo es una fuente de humildad gnoseológica ante la pretensión del
logos de la razón, de ser omniabarcante y omnicomprensiva. Viene a ser la
confirmación de la frase de Shakespeare: “Muchos mundos hay bajo el cielo que
escapan a nuestro conocimiento” (más o menos).
Sabemos
también, que la razón, que en el contexto tecnológico actual se confunde muy a
menudo con la ciencia positiva, es tautológica: crea sus propias condiciones de
experimentación y, por tanto, se autolimita. El símbolo no es experimentable en
laboratorio alguno. Su fecundidad nace de su propia inabarcabilidad, y eso tiene
una ventaja: no poder existir el dogmatismo simbólico, que si puede darse en
otros medios de conocimiento.
Ya
sabemos que todo tiene, al menos, dos caras. No existe logro sin precio, ni
ventaja sin contrapartida. El símbolo no es una excepción. Su propio carácter
abierto, subjetivo, intuitivo, inaprensible, lo convierte en terreno abonado
para la “charlatanería pseudo simbólica”, lo que podríamos denominar quizá
deliberadamente exagerado, el “tahurismo del Mississipi iniciático” o el
“exadurismo de cartas simbólico”, y que consiste en hacer del simbolismo un fin
en sí mismo, y no un medio fecundo pero limitado de conocimiento.
Esta
cuestión nos lleva forzosamente a plantearnos la razón de ser del simbolismo
dentro de nuestros talleres, su utilidad y sus limitaciones, que es tanto como
decir nuestra propia razón de ser. Permitidme aventurar una hipótesis de
trabajo: la masonería ha de ser simbólica para ser humanista, y ha de ser
humanista para ser, simplemente, masonería. Si alguna vez he tenido que racionalizar
y esquematizar el cúmulo de vivencias que se dan en un taller masónico, lo he
hecho distinguiendo varios niveles:
Templo de
la Razón. Estrasburgo 1793
1. El
afectivo: un centro de reunión de un grupo humano unido por vínculos de amistad
o relación personal, sin ser un centro excursionista ni una sociedad
gastronómica.
2. El
fraternal, que nos une con un juramento de ayuda y asistencia reciproca con
todos los masones de la tierra, sin ser solamente una mutua de socorros.
3. Una
escuela de convivencia y diálogo constantes, donde el saber hablar y el saber
escuchar constituyen un permanente aprendizaje de tolerancia y respeto.
4. El
intelectual, como un laboratorio de análisis de ideas e inquietudes, sin límite
alguno a nuestra capacidad de pensamiento. Aunque nuestros talleres no tengan
ventanas que dan al exterior, difícilmente puede hallarse un foro más abierto
al mundo que nos rodea. Quizás por esto no hagan falta: nuestros talleres son
una representación del cosmos entero. Sin ser solo un seminario universitario,
nada de lo humano nos puede ser ajeno.
5. El
ritualista simbólico: este es el aspecto que más nos caracteriza y nos hace ser
lo que somos: la tradición simbólico-iniciática heredada de nuestros
precursores, es la puerta que se nos abre para la percepción o intuición de
aquello que está oculto a los ojos de los profanos, aquello que solo el símbolo
puede revelar.
6. El
trascendente. Si hasta aquí todos estos aspectos se encierran en la Logia y
tienen lugar en su interior, a través de este aspecto cooperamos en la obra
colectiva tal y como recordamos al final de nuestras tenidas: acabar fuera la
obra comenzada dentro. Sin ser una ONG (Organización No Gubernamental) ni
asistentes sociales, la dimensión humanista de nuestra Orden encuentra aquí su
piedra de toque. Sin ella no haríamos más que “mirarnos el ombligo” o vivir de
glorias pasadas. Pero síí nos reducimos solo a ello.
7. Desde
este intento quizás esquemático de descripción de nuestra Orden retomo la
hipótesis antes apuntada: La masonería ha de ser simbólica para ser humanista y
ha de ser humanista para ser, simplemente, masonería. Cada uno de estos
aspectos es parte esencial de la Francmasonería, y no cabe reducirla ni
limitarla a ninguno en concreto. De su armoniosa interpretación resulta lo que
somos.
Salvador Porta.
Me llamo la atención leer que 53 de 56 creadores de la Constitución estadounidense eran masones y que el símbolo de los billetes, es masón.
ResponderEliminarTambién leí que Illuminatis y masones son lo mismo, y francamente no lo creo y menos que los masones quieran destruir el mundo y extender la ignorancia y la pobreza LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD, las traduzco como Libertad RESPONSABLE, Igualdad de oportunidades y fraternidad como amistad verdadera.
Lo importante, es capacitarnos, organizarnos y trabajar con entusiasmo para producir e intercambiar los bienes y servicios que todos requerimos, como son alimento, salud, ropa, muebles, habitación, educación y servicios de luz, transporte e Internet.
Si nos damos cuenta que PENSAR, SENTIR Y FIJAR OBJETIVOS es un milagro que no se explica por el AZAR, creeremos que hay un Dios mas allá de cualquier inteligencia humana, y que, si lo admitimos, actuaremos de una mejor manera y la convivencia sera mejor que en la actualidad.